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  • Alexis Jonay Alvarez Alvarez

Indonesia: Explorando en aguas calmadas...

Cargados como siempre con la tabla, las dos mochilas y las ganas de explorar, estábamos de nuevo, casi de casualidad y por quinta vez, en Indonesia. Pero esta vez teníamos algo distinto en mente, queríamos perdernos y buscar “nuestros” lugares, queríamos adentrarnos en el tranquilo mar del norte, repleto de diminutas islas, la mayoría de ellas deshabitadas y repletas de vida salvaje.



Con más de diecisiete mil islas, Indonesia aun sigue escondiendo auténticos paraísos. Lugares e islas que permanecen ocultas de casi todo el mundo, muy lejos de los sofisticados hoteles o del turismo de masas.


Algunos de estos lugares, no tienen un “camino” para llegar, sino que debes de crearlo o encontrarlo para poder visitarlos. Aguas transparentes, peces de colores y playas desiertas te esperan, si estás dispuesto a ir un poco más “lejos”.


El pequeño barco de carga, salía puntual como venía haciendo cada martes, una vez a la semana, rumbo a la mayor y mas habitadas de las islas, que formaban este grupo, para llevar agua y víveres a los pocos habitantes de la misma. El viaje duraba unas casi doce horas, recorriendo muy de cerca diminutas islas, llenas de jungla y arena. Mientras tanto, nosotros intentábamos memorizar las más interesantes, para tratar de volver más adelante, con ayuda de algún pescador local.



En este grupo de islas, donde las distancias se miden en días, conviven diferentes etnias que han aprendido a sobrevivir entre la jungla y el mar. Nuestros días empezaban esperando que algún pescador, con el que habíamos acordado el día anterior el “tour”, llegara muy temprano, para irnos a explorar isla por isla, lo que nos diera el gasoil.


Lagunas de agua salada, llenas de corales y de un color verde tan intenso, que brillaba desde lejos. Otras islas formadas por diminutas playas, donde el mar llegaba plácidamente a la orilla o islas con enormes y solitarias calas de arena, donde las únicas huellas que se podían ver, eran la de los cangrejos o serpientes marinas que allí Vivían.



Una de ellas, creo que la más salvaje, tenía un pequeño embarcadero abandonado, que daba paso a una enorme laguna interior, donde ocurría un espectáculo que nunca antes habíamos visto. Sabíamos de otros lugares en el mundo donde podía ocurrir lo mismo, pero aquí, era realmente salvaje y sin ningún tipo de intervención por parte del hombre.


Miles o quizás millones de medusas convivían en ese enorme lago, siendo casi imposible nadar sin tocar al menos diez de ellas al mismo tiempo, lo que no teníamos tan claro es que ninguna picara.


Las noches eran espectaculares, refugiados en nuestra pequeña caseta de bambú improvisada. Pegados a la orilla del mar, podíamos ver cómo el escurridizo cangrejo-cocotero, que pueden medir casi cincuenta centímetros de largo y pesar hasta tres kilos, armados con enormes pinzas, trepaban a las largas palmeras para buscar su alimento en lo más alto.



Tortugas, delfines, Tiburones de coral, peces globo, serpientes marinas…Un sinfín de vida, que nos esperaba cada vez que saltábamos al agua con nuestras gafas y aletas.


Muchas veces, guiados por nuestro pescador, íbamos mar adentro varias horas, hasta llegar a un enorme atolón totalmente sumergido en mitad de la nada.


En definitiva, Indonesia aun guarda muchos secretos para los que quieran buscar su “belleza”, solo hace falta mirar un poco más lejos, explorar


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